Saturday, May 14, 2011

Sombras de Liz

Sombras de Liz

Noviembre 2006.

Me sorprende que tenga que ir a la infancia, evento al que le voltee la espalda hasta la llegada de éstos talleres por demás amados y deseados. Pero ahí, en mi insípida, aburrida y hasta dolorosa infancia, esta impreso el sonido mas significativo que tengo para éste capitulo.

Así que, vayamos a los cajones de la infancia.

Mi padre, fue un hombre rico, de hacienda y sin ofender a nadie seguro un vago, así lo habrán educado, así lo habrá decidido. Las cosas se le pusieron duras en la madurez al frente de tres hijos y una mujer del calibre de mi madre que no me quiero ni imaginar, como le pediría y en que tono dinero para el gasto.

Entonces mi padre ideo un taller en casa, y fue yo creo, el primer orizabeño que se fusiló a un chino.

El taller consistía en campanitas chinas, de metal dorado con tubitos de tamaños desiguales, una rondana al centro, una bonita campana de la que pendían los tubitos y hasta abajo una hermosa mariposa. Mi padre ilusionado trajo a casa y coloco en el sótano su diversión, casi negocio.

Mi madre no debe haber estado nada contenta pues jamás ayudo que yo me acuerde. Mi hermano Alberto pulía, cortaba, hacia nuditos con hilo de pescar entre la campana y los tubitos también le hacia nuditos con el mismo hilo a la rondana de en medio que unía la campana con la dorada y hermosa mariposa, David mi hermano el intuitivo también hacia nuditos y empacaba las campanas en unas curiosas cajas transparentes donde, con un clip quedaban perfectamente colgadas y presentadas.

Yo pasaba horas interminables puliendo los tubitos era todo lo que me dejaban hacer, solo tenia algo asi,como seis o cinco años. El sonido de todos estos metales y el trabajo era ensordecedoramente agradable.

Teníamos una campanita, a la entrada de la puerta que siempre avisaba la llegada de las visitas, que preguntaban de donde había salido tan melodioso y bello objeto, mi padre con orgullo contestaba que, eran campanitas chinas que el fabricaba en el sótano con toda su familia. También avisaba los vientos fuertes que anunciaban lluvia y tierra mojada.

Mi tío Alex, un niño rico,negado para los negocios igual que mi padre, participaba con la distribución. Papá se vestía elegante como siempre fue, corbata negra, traje negro camisa impecablemente blanca. Nos llevaba a los grandes almacenes y ahí estaban las campanitas chinas con mariposa que mi padre fabricaba con su familia, menos con la incordiosa de mi mamá, que siempre, iba vá e irá, contra corriente.

Han pasado muchos años de eso, mi mamá que todo tira, no tiene una sola, ¡vamos ni una foto! no conservo nada de aquellas tardes de campanitas chinas.

Tiene la suya propia importada rosa y fea, pero cuando vamos a su casa pareciera que, ella dentro de los recuerdos de la prematura muerte de mi padre, las campanitas chinas y su sonido, la conectan con aquel misterioso ser que debe haber sido mi padre. Pues nunca falta una en su casa. A mi cada campanita china donde quiera que me las topo me recuerdan aquellas tarden en familia, que pocas tuve, puliendo metales y mariposas doradas y a mi padre trabajando con su cigarro raleigh sus anchas espaldas, una sonrisa apenas dibujada.

1 comment:

Puras Mentiras puras said...

Dejando en libertad a tu niña la mujer se completa.

Besos liz